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Venezuela: hacia las elecciones del 8D

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Venezuela: Un dossier in vista delle elezioni dell’8 dicembre

 

Due testi diversi come taglio, ma convergenti nelle indicazioni. Il primo è un documento dei compagni coordinatori della tendenza Marea socialista del PSUV, di cui ho già pubblicato sul sito un documento di notevole interesse col titolo: In Venezuela guerra aperta contro il lascito di Chávez, il secondo, di Marcelo Colussi, è apparso su Aporrea, e mi è stato segnalato da Utopia rossa. Il primo testo è rivolto soprattutto all’interno del PSUV, e sottolinea che la Ley Abilitante che dà poteri straordinari per un anno al presidente Maduro, deve essere discussa in tutto il partito e “in tutto il popolo”, e deve diventare l’occasione per una mobilitazione che argini il pericolo di una destra rabbiosa e revanscista (sottolineato anche nell’intervento di Colussi).

(a.m. 20/11/13)

 

1)De Chávez a Maduro: Habilitar al Pueblo Bolivariano antes de que sea demasiado tarde
Marea Socialista - www.aporrea.org
- www.aporrea.org/ideologia/a175616.html

Por Carlos Carcione, Stalin Pérez, Juan García, Gonzalo Gómez, Zuleika Matamoros, Alexander Marín, por la coordinación nacional de Marea Socialista.

Introducción

El nombramiento de Rafael Ramírez como Vicepresidente del área económica frenó en seco el avance del nuevo sistema de cambio de divisas elaborado en cinco meses de negociaciones entre el gobierno, la oligarquía local y el capital financiero. Sistema que de haberse aplicado, hubiera significado un golpe mortal para el control estatal de la Renta Petrolera[1].  Al mismo tiempo la noche del martes 8 de octubre, el discurso del Presidente Nicolás Maduro, leído ante la Asamblea Nacional, despertó expectativas en el angustiado pueblo chavista, que espera resultados contundentes  y rápidos en la lucha contra la gran corrupción, contra la usura, la especulación, el desabastecimiento  y el chantaje que continúan.

La guerra económica no se ha detenido y sigue horadando la base social y política del gobierno. Mientras que los voceros de la oposición declaran a los cuatro vientos su propósito de salir como sea  del presidente. La situación ha entrado en una nueva fase. La apuesta de los dirigentes de la MUD, más allá de sus diferencias internas, es convertir las elecciones de Alcaldes y concejales en un plebiscito nacional contra Maduro.

Pretenden demostrar la supuesta ilegitimidad del gobierno actual y forzar y acelerar los tiempos del reemplazo del presidente[2]. Para conseguir este plan que no ocultan, mantienen y profundizan la guerra económica, la batalla mediática y, si logran su objetivo electoral, buscarán desarrollar un calentamiento de calle con violencia incluida, exponencialmente superior al del 15 al 17 de abril pasado. Está vez apoyado en la parálisis y desmoralización que pretenden conseguir del Pueblo Bolivariano, castigado brutalmente por la especulación, la usura y por la desorientación provocada por meses de política errática, equivocada y que conduce a una conciliación abierta con la burguesía  por parte del gobierno. En este escenario la burguesía y la MUD pretenden jaquear la supervivencia en el cargo del presidente Maduro y, con ello, la suerte futura del proceso bolivariano.

Sin embargo no es el único peligro que amenaza al proceso. Está a la vista, para el que quiera ver la realidad, que la ausencia física del comandante Chávez ha abierto una disputa interna por la hegemonía política dentro del chavismo.  El debate sobre las medidas económicas y el otorgamiento de dólares, debate que por cierto no ha terminado[3],  ha sido hasta ahora la primera expresión categórica  y  pública de esta disputa. Pero no la única. Mientras el presidente Maduro ha comenzado a denunciar a la burguesía parasita, y a declarar que entramos en una etapa de la revolución donde hay que avanzar a la destrucción del Estado Burgués, calificadas voces del Alto Gobierno insisten en llamar a cooperar a una supuesta “burguesía patriótica o nacionalista” con la que añoran llegar a acuerdos estratégicos, desnudando así su carácter conciliador.

En este escenario el pedido de Habilitante que ha hecho el presidente es una batalla política importante. Una oportunidad  para poner en marcha un cambio en la correlación de fuerzas que nos permita salir de la posición defensiva que hoy tiene el proceso. La condición para que esto sea posible es que: el contenido político de esa Habilitante, las medidas que se diseñen a partir de ella, vayan  en el sentido de atacar los graves problemas que tiene el pueblo que vive de su trabajo y lo haga de manera inmediata. No se puede hablar de Guerra Económica, que la hay, sin un plan de contraofensiva que movilice todas las fuerzas que defienden el proceso.

La  preparación de la contraofensiva en nuestras filas es esencial: ha llegado el momento de abrir al interior de las fuerzas bolivarianas, el debate de fondo sobre la orientación de la actual etapa de la Revolución. Es el momento de poner en claro las ideas. Las de los dirigentes que quieran defender el legado de Chávez y las del pueblo bolivariano, que está llamado a volver a ocupar su lugar  como fuerza motriz y vanguardia  en este momento crucial.  

I. Un cruce histórico

Hace apenas 7 meses fallecía el Comandante Chávez y 6 meses desde que Nicolás Maduro fue llevado a la Presidencia por el Pueblo Bolivariano. El impacto político de la ausencia de Chávez en nuestro proceso es tan fuerte como lo fue el impacto emocional que causó su fallecimiento en nuestro pueblo. Estamos atravesando un momento en que si no se vuelve a las claves de la Revolución Bolivariana nos puede conducir a poner en peligro la continuidad del proceso revolucionario.

Decíamos en mayo pasado: “Están dispuestas fuerzas sociales irreconciliables cuya tendencia es al choque y el resultado de esa confrontación determinará el carácter de la nueva etapa abierta en el país por la desaparición física del Comandante. El mínimo margen en la elección presidencial del 14 de abril, que ganó Nicolás Maduro con los votos de Chávez, es el emergente de un mar de fondo que anuncia que los tiempos de la definición han llegado[4].  

Ahora, el momento del choque de esas fuerzas sociales irreconciliables se acerca. Pero la oligarquía y la oposición tienen una ventaja: Ellos siempre estuvieron claros en lo que buscaban. Por eso a pesar de la falsa ilusión que en el gobierno despertaron las promesas realizadas por Mendoza a Maduro, en el terreno de la calle, el desabastecimiento, la carestía y la usura se profundizaron y cuando la oposición se percató de la desorientación de un gobierno que no reaccionaba frente a las consecuencias que estaban provocando esos pactos,  se decidieron ir a fondo: ahora es por el control de la Renta Petrolera  y la retoma del país que perdieron en 1999. Y salir así, de una vez, de esa pesadilla, que los relegó del control de la renta. La pesadilla es de ellos, claro, en nuestro caso es un sueño. Y como en el Sabotaje Petrolero no volverán para atrás a menos que los derrotemos.

En un sentido estamos en una situación política similar a la de diciembre 2002, enero 2003.  Para que se entienda lo que estamos diciendo, nos vamos a permitir transcribir una extensa cita de un trabajo de Germán Sánchez Otero, sociólogo y embajador cubano en el país en la época del Sabotaje: [5] (…) Una de esas primeras noches de diciembre (2002), Chávez convoca a una reunión muy importante en el espacioso salón del Consejo de Ministros, en Miraflores, para evaluar los aspectos medulares del plan enemigo y de la contraofensiva. Allí se encuentran todos los principales dirigentes políticos, militares y del gabinete, casi cincuenta personas. Desde los días anteriores afloraron posiciones divergentes sobre la táctica a seguir frente al paro. Algunos, más vinculados a la actividad técnica o por inclinaciones ideológicas suponían que sería necesario negociar con los gerentes de PDVSA. Otros, con un enfoque más estratégico, sostenían que no había arreglo con ellos, y que había llegado el momento de la ruptura y de avanzar hacia la toma definitiva de la empresa. Chávez conocía esas dos posturas (…) Trae consigo, lee en voz alta y comenta un documento valorativo –sin identificar a los autores-, que le sirve de base para esclarecer el complejo momento que vivía la Revolución Bolivariana y el camino que debía seguirse (…)

(…) Desde esa premisa el texto regresa a la actualidad:

“Hoy, después de casi doscientos años de patria, aparecen una vez más en el escenario político nacional los aspectos del monteverdismo y de la capitulación, como formas de truncar los sueños de un pueblo. Los monteverdistas como abanderados de la restauración de la IV República, y los conciliadores, haciendo su labor de zapa infiltrados en el campo revolucionario, pactan solapados por debajo de la mesa la entrega de la Revolución Bolivariana. Persiguen adulterarla y maniatarla en la negociación, despojarla de su esencia: el fervor popular y la voluntad de cambio”.

Chávez pone énfasis en esta idea, que es crucial:“No nos engañemos a nosotros mismos, las únicas variantes son revolución o fascismo, paz revolucionaria o guerra contrarrevolucionaria. Para ello el único camino es profundizar la revolución con apego a la Constitución”. (…)

El pueblo bolivariano, el verdaderamente chavista,  percibe, siente, huele y sufre el clima de cruce histórico que vivimos. Por eso es que sucede el impacto positivo que tuvo el discurso del presidente leído en la Asamblea Nacional al pedir la Habilitante. Y es eso también lo que explica la sensación de alivio por la salida de Merentes de la vicepresidencia económica.  Sin embargo este alivio fue breve, la velocidad con la que se pierde el nivel de vida de la población que vive de su trabajo exige respuestas concretas y mucho más rápidas.

Este pueblo mantiene viva la disposición de cambio, la voluntad de lucha, de entrega amorosa. Están enteras las fuerzas que demostró frente al Golpe de Abril y el Paro Sabotaje, en el revocatorio, en la nacionalización de Sidor. En la felicidad compartida el 4 de octubre de 2012 cuando bailó con Chávez bajo la lluvia, y en el juramento combatiente de hacer irreversible la revolución que le ofreció al Comandante en esos tristes días después del 5 de marzo. Hace falta poner esa fuerza,  hoy confundida, en movimiento.

Para eso, en este momento de definiciones, ese pueblo necesita una dirigencia a la altura de la convocatoria histórica. No será conciliando con los que odian a Chávez como moralizaremos a nuestro pueblo. No será con los supuestos modales “civilizados” y “negociadores” de la burguesía. Pero tampoco con amenazas que justifiquen, a los ojos del mundo, las acciones desestabilizadoras de la oposición.

Los dirigentes que aspiran a heredar a Chávez se ganarán el derecho de entrar en la historia grande de la Revolución Bolivariana activando las claves del Proceso. Los cuadros y dirigentes que sinceramente buscan construir el liderazgo y la institucionalidad de esta nueva etapa del proceso deben sumergirse en esas claves que lo hicieron fuerte hasta ahora, como por ejemplo: la participación activa, movilizada y democrática del pueblo bolivariano, su rol protagónico de pueblo constituyente.

II.  Aprovechar la Habilitante y convertirla en programa revolucionario de gobierno en la emergencia

Si el presidente Maduro cree que el simple trámite parlamentario de la sanción de la Ley Habilitante que ha pedido a la Asamblea Nacional, le dará el poder político para aplicarla en la lucha contra la corrupción y la usura,  lamentablemente se equivoca. Sin embargo él viene adelantando que su diputado 99 es el Pueblo Bolivariano: Apoyarse en ese pueblo y activarlo es, a nuestro entender, el camino para emprender la contraofensiva.

Pero: ¿cómo activar la voluntad de lucha de ese pueblo que viene siendo castigado en estos meses de retroceso en sus conquistas?  Para eso hay que poner en pie y por delante, los objetivos políticos  de un nuevo rumbo, un Golpe de Timón como anunciaba Chávez el 20 de octubre de 2012, que le dé un viraje a la Revolución.

La Habilitante debe tener, en el papel y en la acción, un claro objetivo contra la gran corrupción sea esta blanca, amarilla o roja rojita. Debe estar dirigida con un lenguaje claro y contundente contra los responsables burgueses o burocráticos de la guerra económica, planteando y ejecutando rápidamente soluciones radicales para la superación de la usura inflacionaria, la estafa de los precios y el criminal desabastecimiento. Las medidas para las que será habilitado el Presidente deben tener un claro sentido de restituir las conquistas, el nivel de vida y los objetivos del Pueblo Bolivariano y de nuestro proceso, nivel de vida que cae estrepitosamente luego de la devaluación de febrero pasado. Del contenido de la Habilitante debe quedar claro que se va a combatir el verdadero motor de la guerra económica que sirve a los propósitos políticos de la burguesía, que es la apropiación de la renta, este es uno de los principales objetivos de esta guerra que hay que desmontar.

En este sentido, es equivocado el texto genérico con lenguaje simplemente legislativo que se presentó  a la Asamblea Nacional, nada adecuado para el momento  y más parecido al que se encuentra en un libro de texto del derecho burgués. Corregido luego en declaraciones más concretas por el presidente Maduro.  La forma, el lenguaje, el contenido de la Habilitante debe ser radical y de ruptura con los que nos han llevado a esta situación. Debe marcar un rumbo claramente anticapitalista.

Proponemos como ejemplo tres puntos sobre los que el presidente debería estar Habilitado y defender como plan de gobierno para la emergencia.

1) Corrupción.El Pueblo Bolivariano necesita saber quién se robó los 20.000 millones de dólares del SITME, y que los responsables de ese crimen contra el estado en especial los banqueros y los burócratas sin cuya complicidad no se hubiera podido cometer la estafa, paguen duramente con prisión y confiscación de bienes.

Para hacernos una idea de lo que significa esa cifra diremos que: Es igual al costo de construcción de 330.000 viviendas a 60.000 dólares cada una, precio estimativo de construcción de los apartamentos de la GMVV. O, 100.000 apartamentos[6] de 70 mts2 en Miami. Otra comparación es válida: con esos 20.000 millones se pudieron haber construido en Panamá 200.000 apartamentos de 70 mts2[7]. Estos son el sustento del boom de la construcción en Panamá que, como secreto a voces, se sabe que es gracias a la inversión de “capitales venezolanos” (¿amarillos o rojo rojitos o los dos?), como parte de la fuga de capitales de nuestro país.  Para que se entienda mejor aún el precio que está pagando en desatención el Pueblo Bolivariano por este crimen diremos: ese robo se puede calcular como el costo de construcción de 400 hospitales a 50 millones de dólares cada uno, que es lo que costó aproximadamente construir el Cardiológico Infantil de Caracas.

Si se castigara ejemplarmente a los responsables de esta estafa maldita y se recuperarán esos recursos podríamos afirmar que empezó una verdadera revolución anticorrupción.

2) Guerra Económica.Si el Estado ha entregado los dólares para importaciones[8] a 6,30 Bsf por dólar ¿por qué seguimos permitiendo que los productos sean calculados para su venta al pueblo venezolano a 40 Bsf o más por dólar? O lo que es lo mismo ¿por qué seguimos tolerando una ganancia del 600% sólo por la operación de importación? Hay que frenar esta verdadera “liberación de precios”.

Llegó el momento de concentrar en manos del Estado y bajo un estricto control social y popular todas las importaciones que necesita nuestro pueblo para que los dólares de la Renta Petrolera no vayan a construir fortunas a base de esta usura descarada. Y sobre todo de fijar claramente un límite a las ganancias de los comerciantes.

Y los bancos. ¿Es que son necesarios los banqueros? ¿No fueron ellos los que manejaron discrecionalmente las asignaciones de dólares del SITME? ¿No fueron ellos los que provocaron la crisis bancaria de finales de 2009? ¿No fueron ellos, con las casas de bolsa, los que fugaron 30.000 millones de dólares en esa crisis? ¿Es necesario que saquemos la cuenta de cuantas viviendas y hospitales se robaron en aquella oportunidad?

El poder del crédito como el del monopolio del comercio exterior son palancas poderosas para el diseño de un nuevo modelo productivo. La nación es quién, a través del Estado con los controles sociales y populares imprescindibles debe monopolizar el crédito para asegurar el financiamiento de la construcción de un nuevo modelo productivo.

En la lucha contra el desabastecimiento y la especulación tienen un papel fundamental las empresas del Estado. Un contundente ataque al manejo burocrático y arbitrario de la gestión de esas empresas puede desplegar el potencial que ellas tienen. El sector de alimentos por ejemplos y el sector papel estarían en condiciones de solventar entre el 40 y el 60% (de acuerdo a los sectores) de la demanda interna. Ese manejo burocrático lo impide.

En el sector privado por otra parte, el otorgamiento de dólares para la producción se ha convertido en una herramienta de manipulación de las divisas. Sectores industriales que reciben dólares para la producción desvían esas compras hacia otros rubros en los que los precios son más usurarios. En estos casos, para romper las prácticas mafiosas es necesario desplegar un verdadero control de los trabajadores en las empresas.

3) Nuevo Modelo Productivo. Al tiempo que se aborda la emergencia de la epidemia de corrupción y la guerra económica es necesario abrir el debate sobre el diseño de un nuevo modelo productivo. Este diseño no es de resolución inmediata ya que es necesario un gran debate nacional en proceso constituyente con todos los sectores involucrados. Los ejes que proponemos para el debate en este punto se pueden ver en el documento Merentes a contravía de Chávez: ¿Qué esconde la guerra económica contra el Proceso Bolivariano?[9]

Sin embargo hay tres palancas fundamentales para el diseño de un plan de la nación que incluya un nuevo modelo productivo,  ellas son: a) El control absoluto de la Renta Petrolera y de las divisas en las que se cuantifica. b) El monopolio estatal del comercio exterior con absoluto control social. c) El monopolio estatal del crédito, o lo que es lo mismo la nacionalización de todo el sistema bancario y de crédito nacional, también con un control social estricto.

Para este debate, con estos puntos o similares pero concretos es que debe utilizarse la Habilitante. Llevando la discusión a todo el Pueblo Bolivariano, para que enriquezca las propuestas y se prepare,  y vaya a la lucha por medidas de ruptura contra el capital. Verdaderas medidas revolucionarias frente a la emergencia que sufre el pueblo que vive de su trabajo.

III. Ratificar en Referendo la Habilitante para Maduro

El contenido de la Habilitante que debe aprobar la Asamblea Nacional, debe ser tomado como un programa de gobierno para la emergencia  que enfrentamos. Si es cierto que hay una guerra económica contra el Proceso Bolivariano, la tarea fundamental es construir la fuerza política y activar la fuerza social para ganar esa guerra, y para aplicar las medidas que cambien firmemente el rumbo en el que se venía actuando.

El problema de fondo de la actual crisis política es producto de la ausencia física del Comandante Chávez que fue uno de los pilares centrales del sistema político del Proceso Bolivariano, no podemos confiar en medidas parlamentarias que en algunos casos se obtienen con votaciones forzadas. La salida es apoyarse en el pueblo trabajador que sostuvo al proceso y al liderazgo de Chávez. Hay que salir de la quietud y despertar el espíritu revolucionario del Pueblo Bolivariano que hoy paga las consecuencias de la guerra económica y la confusión que genera la actuación que hasta ahora tiene el gobierno.

Por otra parte la debilidad política del gobierno es de origen. Tiene que ver con la mínima diferencia electoral que se obtuvo el 14 de abril. Pero esto no nos obliga a acuerdos con sectores políticos o económicos de la oposición en la creencia equivocada de que así se consolidaría el gobierno.

Es necesaria la construcción de un nuevo liderazgo que aún está pendiente, el presidente Maduro tiene la oportunidad de encabezar la construcción de ese liderazgo que, necesariamente será colectivo y apoyado en las organizaciones y voluntad de lucha del pueblo bolivariano civil y militar. Y para construirlo tiene que aplicar de manera democrática medidas revolucionarias que permiten superar la actual crisis.

El futuro liderazgo deberá  construirse sobre la base de la activación del Pueblo Bolivariano. En diciembre de 2012 en el documento llamado “De que estamos hablando: Chávez y el liderazgo de la Revolución Bolivariana”[10] describíamos el recorrido de la construcción del liderazgo de Chávez. El punto común en ese recorrido fue haber apelado a la movilización popular, al poder originario. Una de las claves de Chávez fue impulsar o cabalgar la participación activa del Pueblo Bolivariano en cada uno de los momentos críticos del Proceso.

La oportunidad que presenta la Habilitante, es proponer un programa revolucionario de gobierno para la emergencia, que vayan en el sentido de Independencia Nacional que tiene el Programa de la Patria, es apelar a la movilización popular para debatir y ratificar refrendariamente  su contenido y para construir la fuerza material, política, que conquiste la aplicación de las medidas anticorrupción, y contra la guerra económica. Es llamar a la participación en el compromiso refrendario de la Ley, a ese pueblo, activado en el debate político y con el objetivo de diseñar y darle fuerza política y social a un rumbo claramente anticapitalista.

Desatar la movilización obrera y popular del proceso revolucionario frenaría las amenazas que  enfrenta hoy. Y sería el punto de apoyo para pasar a la contraofensiva. Que quede claro: no estamos hablando de marchas de participación muchas veces “obligada” a escuchar discursos que no hablan de la realidad que sufre cotidianamente nuestro pueblo. Sino un llamado al espíritu revolucionario, bolivariano, de lucha, alimentado por un profundo debate sobre el rumbo del  proceso y por acciones prácticas contundentes que permitan dar un giro a la situación actual. El referendo sobre la Habilitante puede ser una palanca en este objetivo.

Es la forma de enfrentar con posibilidades de éxito los peligros que amenazan al proceso en las próximas semanas y meses, algunos de esos peligros son:

a) La maniobra de convertir las elecciones municipales en plebiscito contra Maduro.

En la última semana todos los principales voceros de la MUD han declarado que su intención en las elecciones municipales es convertir el resultado electoral en un plebiscito contra el gobierno de Nicolás Maduro. Esperan ratificar su campaña de que es un gobierno ilegítimo y forzar su salida y una nueva elección presidencial. No hay que tener mucha imaginación para adivinar que apelarán a la violencia como ya lo hicieron en abril pasado. Sólo que si esta vez su pronóstico electoral se cumple estarán moralizados para ir mucho más lejos que en aquella oportunidad.

De darse el resultado que buscan y que muchas voces desde el proceso también anuncian, el gobierno nacional quedaría en una situación de defensiva, contestando desde una posición de desventaja y en el marco de una situación donde el pueblo bolivariano todavía sigue desorientado sufriendo la guerra económica.

La ubicación y activación del Pueblo Bolivariano en Batalla Constituyente, refrendando sobre la base de una política revolucionaria y con avances concretos adelantados de esa política, la Habilitante para el Presidente, desmontará esa maniobra y hará mucho más difícil que se imponga el argumento cínico de que unas simples elecciones municipales serán un plebiscito revocatorio. Esto es posible en la medida en que la Habilitante tenga un claro contenido revolucionario y que se empiece a avanzar desde ahora mismo en medidas concretas que frenen la caída del nivel de vida de los que viven únicamente de su trabajo.

b) La situación en las Fuerzas Armadas.La ola de rumores que recorren el país sobre una situación de malestar en los mandos de la FANB pretende ser utilizada por la oposición. Desde los sectores más extremos de la derecha local, esa que ve en Uribe un ejemplo a seguir, no cesan los llamados abiertos o encubiertos, a mandos de la Fuerza Armada para que ayuden a la salida del presidente.

Más allá de la veracidad o no de estos rumores, lo que sí es un hecho es que nuestra Fuerza Armada, tiene, en la mayoría de sus componentes, profundos lazos que lo unen al Pueblo Bolivariano. Nuestra revolución es una revolución cívico militar. Por lo tanto no es de extrañar que gran parte de la FANB sufran la misma angustia que nuestro pueblo por la situación de guerra económica, y de desorientación que ha generado el plan de los conciliadores de entregar en la mesa de negociaciones la Renta Petrolera, frenado, por ahora, la primera semana de octubre.

La apertura inmediata de un debate en clave constituyente en el seno del Pueblo Bolivariano sobre las medidas efectivas que la Habilitante del Presidente debe definir como un verdadero plan revolucionario de gobierno, habilitará, y así tiene que ser pensado, la participación de los sectores chavistas mayoritarios en la Fuerza Armada.

La convocatoria a ratificar sobre la base de ese debate y de esas medidas la Habilitante en un multitudinario proceso de discusión y referendo terminará también con las dudas que pudiera haber en la Fuerza Armada, consolidando su papel de organización militar de nuestro proceso revolucionario y sus claves democráticas y participativas.

c) El papel del movimiento de trabajadores y del movimiento popular.Las organizaciones del movimiento obrero en especial la Central de Trabajadores, CSBT, deben cambiar su papel pasivo y alejado de los reclamos y las necesidades de los trabajadores. El papel de “apaga fuegos” que muchos dirigentes se adjudican en público, no hará más que borrarlos de la memoria de un pueblo trabajador que ha dado grandes batallas.

Los trabajadores, los sindicatos de base, las federaciones deben exigir a la Central e impulsar desde ahora mismo un gran debate nacional de la clase trabajadora. Miles de verdaderas asambleas obreras deben recorrer la geografía del país donde los trabajadores clarifiquen sus ideas, dimensionen el sentido histórico del momento, fortalezcan los músculos aquellos que rescataron la industria petrolera.

Un movimiento obrero clarificado es imbatible en la búsqueda de sus derechos. Y no hablamos de  mítines donde hablan dirigentes que hace mucho abandonaron la lucha comprometida, que insultan y maltratan a simples trabajadores, que  ellos pretenden que cumplan un papel de oyentes obedientes. Hablamos de verdaderas asambleas donde el debate de las propuestas y la resolución democrática sea la norma y que pongan en movimiento de manera organizada, como verdaderos círculos o brigadas de lucha, esa fuerza que ya hemos visto actuar en tiempos no tan lejanos.

Por su parte el movimiento popular tan asociado en su mística al poder popular luce desorientado. Unas pocas y valiosas movilizaciones autónomas que han logrado hasta conseguir un derecho de palabra en la Asamblea Nacional para ser escuchados, han empezado a desarrollarse y muestran que hay reservas morales para la pelea.

Una reconcentración en la vuelta a las raíces de su nacimiento puede poner en movimiento a miles de ciudadanos hoy abandonados en medio de la guerra económica. La realización de Foros, conversatorios, caminatas, casa por casa y comunidad por comunidad, movilizaciones  despertará a ese poder hoy dormido que bajó de los cerros un 12 de abril de 2002 sin esperar las indicaciones de los dirigentes públicos, muchos de los cuales se habían escondido.

Si desde el gobierno se avanza en la resolución de alguno de los problemas urgentes que angustian a ese pueblo y si logramos transmitir con fuerza y determinación la hora de definiciones en la que se encuentra el proceso, no hay fuerza capaz de detenerlos.

Hagamos que se escuche otra vez la diana de la Batalla de Santa Inés en todo el territorio y llamemos al Pueblo Bolivariano a defender su derecho constitucional a la participación y protagonismo decisorio.

IV. La más amplia unidad en la acción y la más amplia libertad en el debate crítico, democrático y participativo.

Si somos capaces de reconocer esta realidad de cruce de caminos y  el gobierno tiene la audacia revolucionaria suficiente para convocar al Pueblo Bolivariano y hacerlo participar activa y democráticamente de la construcción de su destino, será posible construir la más amplia y poderosa unidad en la acción.

Pero para que esa unidad sea indestructible es necesario el respeto absoluto por la diversidad de opiniones que conviven en el proceso revolucionario.

Todas las voces deben ser escuchadas. La descalificación debe dar paso al debate de ideas. La persecución debe dar paso al respeto por las minorías, respeto que incluye la oportunidad de que esas supuestas minorías sean escuchadas.

El síntoma peligroso del desplazamiento de todas o casi todas las voces críticas de los medios públicos, incluso de aquellos que siguiendo a rajatabla la línea oficial del momento cumplieron el papel fundamental de develar la política de la oposición, ha debilitado enormemente a la revolución en lo que tiene de más fructífero: la diversidad de ideas.

Todos los medios públicos deben ser abiertos como parte de este verdadero cambio de rumbo donde se abra  paso al Pueblo Bolivariano a ratificar en referéndum el programa de emergencia que debe constar en la Habilitante para el Presidente, todas las voces deben ser escuchadas con sus propuestas, todas las voces de los que defendemos el proceso, deben tener su espacio.

Los que hasta ahora han ejercitado el papel de censores, y descalifican a los que piensan distinto, lo volverán a hacer. Nosotros que hemos atado indisolublemente nuestra suerte a la del pueblo trabajador movilizado seguiremos luchando en defensa de las conquistas de la revolución hoy atacadas. Todavía estamos a tiempo de poner las fuerzas bolivarianas en movimiento. Pero alertamos, hay que actuar ya, antes de que sea demasiado tarde.


[1]Merentes a contravía de Chávez: ¿Qué esconde la guerra económica contra el proceso bolivariano? http://www.aporrea.org/trabajadores/a173971.html, tradotto sul mio sito:

 

In Venezuela guerra aperta contro il lascito di Chávez

 

[2]Julio Borges: “El país no puede soportar más meses con Maduro en el poder” http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/131014/el-pais-no-puede-soportar-mas-meses-con-maduro-en-el-poder

[3]La batalla por la renta petrolera: el dólar como apariencia. Simón Andrés Zúñiga. http://www.aporrea.org/tiburon/a174918.html

[4]El Proceso Bolivariano después de Chávez: Llegó La hora. http://www.aporrea.org/ideologia/a166151.html

[5]La Nube Negra. Golpe petrolero en Venezuela. Germán Sánchez Otero. Ediciones PDVSA, págs. 132 y 133. Los paréntesis son nuestros.

[6]http://invierteconmigoenflorida.com/sitio web que ofrece apartamentos y casas en Miami, Florida, EEUU con teléfono en Carcas para realizar la operación.

[7]http://www.aptospanama.com/?gclid=CLea4Ke5oboCFSlo7Aodri8ARQ#!for-sale/cobqallí se puede constatar que el precio de un apartamento es de 1525 $ por m2.

[8]Según informó el Vicepresidente Ramírez a la prensa, al 30 de septiembre ya se llevaban entregados 33.000 millones de dólares. Cifra similar a la del año pasado para la misma fecha.

[9]http://www.aporrea.org/trabajadores/a173971.html

[10]http://www.aporrea.org/ideologia/a156622.html

 

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2) VENEZUELA: LA NECESIDAD DE UNA REVOLUCIÓN EN LA REVOLUCIÓN

por Marcelo Colussi

Pubblicato in  www.utopiarossa.blogspot.com

 

 

 

 

Cuando uno quiere hacer un cambio social tiene que tener claro qué modelo va a utilizar; porque sólo seguir administrando, aunque sea con espíritu patriótico y con honestidad, el modelo capitalista, eso es imposible. El modelo capitalista te termina tragando. Eso es como el diablo. No se puede ir a dar una misa en las cavernas del diablo, porque te traga.

Nicolás Maduro, 2005

 

Según las Cuentas Nacionales, explicitadas por el Banco Central de Venezuela (BCV), el PIB privado (el porcentaje de la actividad económica del país en manos directas del empresariado) corresponde al 71% del total (año 2010). En el año de 1999 el PIB privado era de 68%. Es decir que, a pesar de las nacionalizaciones, el PIB sigue siendo mayoritariamente privado, y comparado con países que nada tienen que ver con el comunismo –como Suecia, Francia e Italia, donde el PIB es mayoritariamente público (estatal)–, el estado venezolano no tiene en sus manos (salvo el petróleo) ningún resorte económico importante de la economía.

Manuel Sutherland, 2013.

 

Yo no soy un libertador. Los libertadores no existen. Son los pueblos quienes se liberan a sí mismos.

Ernesto Che Guevara

 

Unos años atrás, en el medio de la marea neoliberal que se expandía triunfal por todo el mundo festejando la extinción del campo socialista europeo, apareció la figura de Hugo Chávez. Con todas las limitaciones del caso y los reparos que se le puedan haber abierto desde la izquierda, lo suyo significó una enorme cuota de esperanza. Luego de la larga noche que habían representado las sangrientas dictaduras que enlutaron toda Latinoamérica y los planes de capitalismo salvaje que le siguieron, la aparición de este militar nacionalista, confusamente antiimperialista con un discurso anticorrupción y con el ofrecimiento de un nuevo socialismo renovado, prometía mucho.

 

A partir de su llegada al poder en Venezuela en el año 1998, mucha agua corrió bajo el puente. Quizá es muy prematuro hacer un balance del significado histórico de su actuación política de una década y media: para la derecha –vernácula e internacional– fue un demonio, un “castro-comunista” que volvió a atizar la por ella anatematizada y pretendidamente desaparecida lucha de clases. Para la izquierda, su obra nunca pasó de una práctica reformista y populista, alimentada más que generosamente por un capitalismo rentista basado en la monoproducción petrolera sin perspectiva de transformación revolucionaria.

Lo cierto es que la escena política venezolana, pero también la latinoamericana e incluso la internacional, se vieron tocadas por la influencia de este carismático líder y el siempre impreciso –pero al mismo tiempo muy prometedor y cargado de esperanza– “socialismo del siglo XXI”.

A principios del 2013 Hugo Chávez murió en la gloria. Su imagen en muy buena medida ya pasó a ser mítica, una verdadera leyenda. Denostado por la derecha, amado y endiosado por una amplia mayoría del pueblo venezolano, visto con simpatía por la izquierda siempre esperando su radicalización, no llegó a sufrir el desgaste del ejercicio del poder. Su muerte, un verdadero fenómeno mediático de significación global, lo dejó en la situación del comandante heroico del que, al menos de momento, la ausencia agiganta su figura más aún que su presencia.

Sin dudas los casi 15 años al frente de ese singular proceso que se dio en llamar Revolución Bolivariana (una experiencia de “socialismo rentista” plagado de contradicciones así como de esperanzas) no son fáciles de analizar. ¿Qué dejó todo ello? Sin dudas: luces y sombras. No fue una revolución socialista, al menos tal como históricamente se la concibió. Claramente fue un proceso que no se salió de los marcos capitalistas, pero al mismo tiempo generó una serie de cambios en la distribución de la riqueza nacional que ningún gobierno anterior, siempre capitalistas, había conseguido. La situación general de las clases populares venezolanas –por cierto, la mayoría de la población– mejoró sustantivamente.

Visto en perspectiva política, el proceso tenía límites muy precisos: en tanto no se planteó como una transformación radical de las condiciones estructurales, de la tenencia de los medios productivos, no podía pasar de un planteo capitalista con rostro humano. En los tiempos de capitalismo despiadado que corren desde la caída del Muro de Berlín, ese planteo ya tiene sabor de avance social. Visto con objetividad, no pasó de reformismo. Pero las promesas de socialismo, más aún en el medio de la ola neoliberal que barrió el mundo, despertaron genuinas esperanzas.

El tiempo fue pasando, con un Chávez de enorme habilidad política que podía jugar a aunar posiciones antitéticas en base a su monumental carisma, pero la revolución socialista, el preconizado nuevo “socialismo del siglo XXI”, nunca se profundizó. O si lo intentó (control obrero de algunas fábricas recuperadas, organización popular desde abajo), los marcos del Estado capitalista que siguió primando no permitieron su radicalización. Los planes redistributivos que implementó la administración bolivariana sin ningún lugar a dudas fueron una avanzada, pues los satisfactores básicos de la población mejoraron. No cabe ninguna duda que la renta petrolera llegó a muchísima más gente que con ningún gobierno anterior. Lo cual representa un paso importante; pero eso sólo no es socialismo.

No hay que dejar de reconocer que, luego de años de un capitalismo salvaje que hizo retroceder conquistas sociales históricas (las ocho horas de trabajo, la sindicalización, las leyes de protección al trabajador, un Estado de bienestar para las grandes mayorías), el hecho de plantearse un talante popular desde una administración ya puede tener sabor a “socializante”. Por supuesto, para la derecha representó una molestia (quizá no llegó a peligro) el hecho de tener un presidente díscolo que hablara nuevamente de “antiimperialismo” y “socialismo”, términos que habían salido de circulación luego de la extinción del campo socialista y el final de la Guerra Fría. Con Chávez hubo intentos de caminar hacia el socialismo, amagues, algunos avances interesantes; de todos modos, ni la gran propiedad se tocó ni la esperanza de poder popular efectivo se materializaron. Fue más el ruido que las nueces.

Pero hubo cambios, por supuesto. Y muchos. Por eso la derecha protesta tanto. Es cierto que no se tocaron los resortes últimos del sistema, pero en un mundo neoliberal a ultranza pensar que los históricamente excluidos puedan tener mejoras, es ya un sacrilegio para el pensamiento conservador. Y en la Venezuela bolivariana, con Chávez a la cabeza, hubo mejoras importantes. De hecho, el nivel general de pobreza se redujo ostensiblemente en los años que se viene llevando a cabo este proceso: de un 70.8% que alcanzó en 1996 llegó en el 2012 a un 20%, la reducción más grande en América Latina detrás de Ecuador y una de las más grandes en el mundo, según reconociera una prestigiosa institución internacional como la CEPAL. Los logros sociales de la Revolución Bolivariana, sin dudas, están a la vista. “Ladran Sancho, señal que cabalgamos”, podría decirse sin temor a equivocarnos.

¿Por qué, entonces, abrir esta crítica y llamar a una revolución dentro de la revolución ahora? ¡Porque ello es imprescindible para que siga habiendo revolución!

El proceso bolivariano hace tiempo que está empantanado. Por supuesto que, desaparecido el comandante, la continuidad de la revolución en curso se ha tornado más difícil. Eso no es culpa del actual mandatario, Nicolás Maduro. Pensar que los problemas que sufre actualmente el rico y esperanzador proceso abierto años atrás se debe a la debilidad o impericia del nuevo presidente sería un garrafal desatino. O más bien: ¡sería peligrosísimo!, pues ello reduciría una revolución socialista a una administración política, al carisma de quien está sentado en el sillón presidencial. Y la revolución socialista es infinitamente más que eso. Más aún: ¡no es eso! Pero justamente los problemas actuales que sufre el “chavismo” deben llevar a una profunda, necesaria, imprescindible autocrítica. ¿Por qué “chavismo”? ¿Por qué ese culto a la personalidad? ¿Y el verdadero poder popular? ¿Qué socialismo se está construyendo?

Con las últimas elecciones presidenciales de abril, luego de la muerte de Hugo Chávez, se abrían tres escenarios posibles: 1) triunfo de la derecha visceral con Henrique Capriles Radonski (con un presumible retroceso de todos los avances de la revolución), 2) triunfo del PSUV con Maduro a la cabeza y profundización de la construcción del socialismo (añorado por la izquierda, pero sin dudas lo más difícil de materializar) y 3) triunfo del “heredero” de Chávez con creciente control del proceso político por la derecha bolivariana, la llamada “boliburguesía” enquistada en el aparato estatal (burócratas nuevos ricos que hablan con un lenguaje chavista pero con clara ideología conservadora). Lamentablemente para la causa popular, el tercer escenario parece ser el que se va dando.

Hace unos pocos años atrás Nicolás Maduro, siendo presidente de la Asamblea Nacional, decía: “Lo que nosotros hemos llamado "parlamentarismo social en la calle" no es otra cosa que el liderazgo social de lo que ahora se está viviendo en Venezuela. Es convertir la Asamblea Nacional –que es el órgano parlamentario del país– en un verdadero poder popular. Es decir: que no sea simplemente un Congreso de elites donde éstas deciden por el pueblo, donde sustituyen la voluntad popular, piensan y deciden por el pueblo, pero donde terminan articulándose con las elites del poder económico –nacional e internacional– para seguir manteniendo el status quo en materia de las leyes fundamentales que rigen la economía y la vida social de la nación. (…)El parlamentarismo de calle es un salto revolucionario en relación al parlamentarismo tradicional burgués basado en la democracia representativa. (…)¿Qué puede sustituir a la vieja democracia colonial representativa y desgastada de los partidos políticos que existe en el continente? Pues una democracia popular, una democracia revolucionaria, participativa y protagónica, donde el pueblo, el ciudadano sea el principal actor.” Por supuesto escuchar algo así abre enormes esperanzas para el campo popular, para la posibilidad de un cambio revolucionario real. ¿Qué sucedió luego, o qué está sucediendo, que un siniestro personaje como José Sánchez Montiel, más conocido como Mazuco, asume como diputado en esa misma Asamblea Nacional ante la mirada atónita del pueblo, luego de una obvia decisión inconsulta y con algún arreglo bajo la mesa con la derecha recalcitrante? Mazuco, valga no olvidarlo, fue en el Estado Zulia –la tierra del ahora prófugo Manuel Rosales, ultraderechista apoyado por la CIA– el mejor alumno en el crimen y en el delito de Henry López Sisco, el más grande policía asesino que tuvo Venezuela, quien se jactaba de haber asesinado personalmente a más de 200 revolucionarios y luchadores populares en los años que activó en la DISIP. Mazuco, no olvidarlo nunca: un convicto criminal acusado de las peores violaciones, sindicado como homicida, ladrón y narcotraficante: ¿cómo es que ahora pasa a ser diputado? ¿Y el poder popular, compañeros? ¿Y el “parlamentarismo de calle”?

¿Y cómo entender la detención del nacionalista vasco Asier Guridi Zaloña, quien tenía años en el país, el pasado 1° de septiembre a manos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), con la colaboración de la Policía española y la Policía Judicial francesa, quienes operaron en el territorio nacional con beneplácito del gobierno violando la soberanía venezolana? ¿Era necesaria esa jugada política para congraciarse con alguien? ¿Qué aporta eso a la construcción del socialismo?

En ese orden de ideas que nos deben llevar a la imprescindible y crucial autocrítica: ¿cómo entender el enorme peligro electoral en ciernes para el próximo 8 de diciembre, en las futuras elecciones municipales, donde muchos precandidatos bolivarianos a alcalde decidieron lanzarse por su cuenta luego que fueran omitidas las elecciones internas y decididos los candidatos de manera arbitraria por la jerarquía del Partido Socialista Unido de Venezuela –PSUV–? ¿Qué socialismo nuevo se está construyendo así? ¿Qué modelo de socialismo es el que está en juego entonces?

Se podría llegar a decir que estos son aspectos puntuales, no relevantes, no definitorios de un proceso más amplio que es la Revolución Bolivariana en su conjunto. Pero no debe olvidarse que en la última elección presidencial, con toda la maquinaria electoral del PSUV y la apelación monotemática a la figura del extinto comandante, el candidato bolivariano venció por una mínima diferencia. Es cierto que la derecha actúa, y mucho, para conspirar contra el proceso en curso. Pero sin la autocrítica mínima e indispensable no puede haber socialismo. Como dijo Maduro algún tiempo atrás, sin “una democracia popular, una democracia revolucionaria, participativa y protagónica, donde el pueblo, el ciudadano sea el principal actor” inexorablemente no puede haber socialismo. Es por eso que aparecen esos tres epígrafes abriendo la presente reflexión: no se puede estar con dios y con el diablo al mismo tiempo. O se es socialista, o se es capitalista. Aunque sea lapidario y pueda pasar por esquemático, es así. Capitalismo con rostro humano no deja de ser, antes que nada, capitalismo. Si hay un proceso real de transformación, no puede entronizarse la figura de nadie. Eso, no lo olvidemos, está más cerca de la religión que del ideal socialista. Sin negar la importancia de los grandes conductores en la historia –y Chávez lo fue, sin lugar a dudas– es hora de abrirse sanas autocríticas al respecto (por eso es más que pertinente la cita del Che Guevara).

Es cierto que la derecha arremete feroz contra el proceso bolivariano. Pero ¡cuidado! Esa misma derecha tradicional está haciendo su gran festín económico y el gobierno revolucionario deja pasar. ¿O es cómplice? ¿Cómo entender el crecimiento imparable de la especulación parasitaria y del capital financiero?

No caben dudas que mucho de las dificultades económicas actuales se deben a procesos de desestabilización arteramente concebidos. El desabastecimiento crónico de productos de primera necesidad (el papel higiénico como infamante símbolo), un dólar paralelo 6 o 7 veces más caro que el oficial o un proceso inflacionario que no cesa, hacen que el panorama actual se complique. Pero no debe dejarse de tener en cuenta que muchas medidas del gobierno no contribuyen al afianzamiento de cambios revolucionarios: las impopulares devaluaciones (que siempre, en lo fundamental, paga el pobrerío), la siempre omnipresente dependencia del petróleo (¿se puede hablar seriamente de un “socialismo petrolero-rentista” o eso es un desatino peligroso?), el escaso desarrollo industrial nacional que fuerza a importar cerca de un 50% de los alimentos, a lo que se suma, no como males menores sino, quizá, con mayor fuerza en la percepción de las grandes masas populares, una generalizada y abrumadora corrupción de muchos cuadros bolivarianos: ¿son un camino al socialismo? ¿Cuáles son los antídotos que se están poniendo a todo esto? 

Decretar una “Navidad temprana” a partir del 1° de noviembre (¿fomento del alocado consumismo navideño?, ¿festejo religioso en un gobierno que debería ser, como mínimo, laico?) o el lanzamiento de un cuestionable Viceministerio de la Suprema Felicidad (que sirvió, más que nada, a la burla por parte de la derecha), propiciar la entrada de un piloto venezolano a la Fórmula Uno Internacional, ¿son medidas socialistas? Esto hace recordar a la propuesta, algunos años atrás, de una gobernadora chavista que ideó una Misión específica para dotar de implantes de pechos de silicona a las mujeres de escasos recursos, moción que no prosperó pero que deja ver el talante en juego: ¿vamos hacia el socialismo con pilotos de carrera, pechos siliconados y festejos de la Navidad?

Nadie dijo que construir un nuevo modelo de sociedad fuera fácil. Tomar el poder –si se quiere: tomar la casa presidencial, para decirlo con una visión minimalista– es tremendamente difícil; pero mal o bien (así sea con un escaso margen de votos) eso sucedió en Venezuela. Pero tener la estructura del Estado capitalista no es, ni por cerca, tener el poder. Ahora bien: aquí empiezan los problemas. Cambiar una sociedad, transformar de cuajo algo para hacer surgir una cosa nueva, es infinitamente más que manejar una casa de gobierno. En muy buena medida, es revolucionar las cabezas, los modos de pensar, las actitudes seculares. “Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, dijo con mucha razón Einstein.

Lo que está sucediendo en Venezuela, aún con todos los errores y problemas propios del proceso en marcha, sigue siendo una esperanza abierta. Por eso mismo quienes seguimos apostando por transformaciones reales y no agachamos la cabeza, con o sin Chávez en la dirección seguimos viendo ahí una ventana de oportunidades. Y justamente por eso, porque vemos que se ese proceso cada vez más está secuestrado por un pensamiento reformista, socialdemócrata y burocrático, es que nos alarmamos por cómo van las cosas.

Felizmente hay importantes sectores dentro del aparato de Estado, dentro del PSUV, en la ciudadanía, en la calle, en las comunidades, en la militancia comprometida, que ven estos peligros. Este escrito, hecho por un no-venezolano y desde fuera del país, quizá no pase de quedar en el olvido, sin ninguna consecuencia práctica real. Pero no hay peor lucha que la que no se hace. Es por eso que apoyo, llamo y me sumo a las propuestas de profundización real de la Revolución Bolivariana. Ello implica ir frontalmente contra la derecha endógena que se ha adueñado del proceso, denunciarla, aislarla, devolver la vitalidad perdida a la revolución, llamar a la movilización genuina de las masas venezolanas, recuperar la vitalidad transformadora que se fue tapando con medidas populistas y reformistas. “Suprema felicidad” o “Navidad temprana” quizá no, por ambiguas, quizá risibles o cuestionables. Más modestamente: poder popular, control obrero y campesino de la producción, defensa real de la revolución con milicias populares. Es la única manera de mantener viva la esperanza. Lo demás, tiene sus días contados. 

 

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